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Catedral Basílica de Salta


EL TEMPLO ACTUAL
a disposición del Obispo José E Colombres fue recibida con total alegría y adhesión por parte del pueblo salteño. También el Gobierno hizo su parte, pues el Gobernador Martín Güemes (hijo del prócer) promulgó una ley (ley 34 de 1858) mediante la que se cargaba con un impuesto a la sal que se extrajera de las salinas salteñas. Este impuesto sería destinado a los gastos producidos por la construcción de la nueva Catedral de Salta.

Se limitaban las vías de acceso de la sal a los caminos que circulaban por la Quebrada del Toro, la Cuesta del Acay y el Abra del Incahuasi.

La que viniera por otro lado debía ser decomisada en beneficio de la obra. Asimismo, todos los vagos y malentretenidos que existieren en la provincia se afectaban a la construcción del nuevo templo.

En estos años el nuevo Gobierno patrio se encontraba en la dura tarea de organizarse. Por lo que, en la medida de lo posible, se generaban nuevas reparticiones que administraban temas específicos. Entre ellas el Gobernador de Salta General Rudecindo Alvarado habría creado la Mesa Topográfica y nombrado como director al Arquitecto Felipe Bertrés, quien además había sido nombrado Agrimensor General de la Provincia. Este arquitecto realizó el proyecto original para la Construcción de la Catedral, que con fecha 25 de Agosto solicita la aprobación del Gobierno de la Provincia para iniciar su ejecución. Suponemos que siendo el mismo Bertrés funcionario público y autor del proyecto, la aprobación no se hizo esperar. Casi de inmediato se comenzaron a cavar los cimientos. Sin embargo, apenas transcurrido un mes de iniciada la obra, fallece el Arquitecto Bertrés. Por lo que, se detuvieron las tareas hasta tanto se nombrase un ingeniero que reemplace al Sr. Bertrés.

Un intento del presbítero Isidoro Fernandez hizo avanzar la obra, pero el fallecimiento de Mons. Colombres y la magnitud de la tarea ocasionaron nuevas demoras.
Cuando se pretendió continuar, surgieron algunas diferencias entre las personas intervinientes acerca de las características del Templo.
Por ello el nuevo Obispo, Mons. Rizzo Patrón, nombró al canónigo Alejo Marquiegui como el encargado de todo lo relacionado con la continuación de la obra. Los planos de la obra fueron presentados al Obispo para que fueran examinados por personas entendidas en la materia, así una vez aprobados, se podría contratar e iniciar la obra.
Mons. Rizzo Patrón pidió al franciscano, Fray Luis Giorgi, un dictamen sobre los planos propuestos, manifestando Giorgi que "no crean que pueda caber ninguna duda de que no resulte un Templo no tan sólo suficientemente majestuoso, sino también enriquecido de las cualidades indispensables para todo edificio, como son la solidéz, la elegancia y sencillez".
Se iniciaron los trabajos de construcción de la Catedral primeramente por Francisco Soldatti, y luego se contrata con la Sociedad integrada por Nicolás y Agustín Cánepa.
A principios del año 1873 la construcción se encontraba bastante avanzada. Lo sabemos por un acta del Consejo Municipal en la que un integrante expone que habiendo recibido avisos de individuos competentes que la media naranja del techo de la Iglesia Catedral amenazaba desplomarse, debían tomarse las medidas oportunas para precaver los males que se ocasionarían si se verificase. El Consejo nombró una comisión para comprobar lo denunciado. Integraban esta comisión el Padre Luis Giorgi, Hipólito Cremona y Gerónimo Macchi. De esta forma continuó la obra de la construcción del Templo
(Cfr. Prof. M.T. Cadena de Hessling, "Iglesias de Salta" en "Salta, IV siglos de arquitectura y urbanismo", Salta, 1982).
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