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La Historia del Milagro

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Durante estos 50 años la ciudad prosperó y la evangelización llevada adelante por los padres jesuitas avanzó más aún. Se efectivizaron las primeras incursiones entre los tan temidos Calchaquíes, fundándose reducciones cuyo espíritu distaba en mucho del servicio de encomienda promovido por los conquistadores.

Dice Felix Luna en su Historia Argentina: la fundación de reducciones era grata a los indígenas porque los libraba del odioso servicio de encomiendas. En esto, los jesuitas fueron muy consecuentes: se opusieron siempre al sistema de encomiendas y fueron los únicos que apoyaron al oidor Francisco de Alfaro cuando éste pretendió sustituir el trabajo personal por un tributo. Así, los indígenas que fueron acudiendo a poblar las reducciones percibieron que los sacerdotes los protegían de la virtual esclavitud en la que los habían tenido los encomenderos, y este sentimiento devengó un prolongado rédito a los sacerdotes.

En segundo lugar, los jesuitas comprendieron que la aceptación de los aborígenes de las nuevas formas de vida que proponían las reducciones estaba condicionada a mejorar las mismas. Por eso les proveyeron de cuñas de hierro para que pudieran fabricar hachas, así como anzuelos y cuchillos; para quienes sólo utilizaban instrumentos de madera o piedra, la adquisición del uso del hierro fue un importante paso hacia adelante.

Hubo procedimientos menos utilitarios, por ejemplo el sagaz aprovechamiento de algunas creencias de los indígenas, sobre todo los guaraníes, que no chocaban directamente con la doctrina cristiana. Los guaraníes veneraban el mito de la búsqueda intemporal de una tierra sin mal; los jesuitas transformaron esta creencia en el Paraíso al que se llegaría después de la muerte. Los guaraníes adoraban a Tupá, que podía identificarse fácilmente con el Dios Padre; los palos cruzados como sostén de la morada terrenal se asimilaron a la cruz de Cristo. El héroe Pay Zumé (o Sumé para los tupíes) fue identificado con Santo Tomás o Tomé, que habría llegado desde el Asia a evangelizar estas tierras. Pay Zumé, según las leyendas indígenas, llevaba una cruz, quería enseñarles una nueva religión, hacía milagros y les enseñó a cultivar la mandioca, pero como no se lo había escuchado partió a otras tierras, no sin advertir que muchos años después vendrían otros hombres parecidos a él que predicarían sus mismas palabras y los reunirían en grandes pueblos, enseñándoles a amarse unos a otros y a tener una sola mujer. Es posible que esta relación sobre Pay Zumé haya sido perfeccionada por los mismos jesuitas; el hecho es que los guaraníes los recibieron como los descendientes del mítico personaje, aunque algunos otros pueblos los rechazaron, como cuenta el padre Dobrizhoffer, alegando que Pay Zumé ya vino una vez, que la tierra da abundantes frutos y que no tienen necesidad de nada más.

Los jesuitas respetaron en gran medida el sistema socioeconómico preexistente y aceptaron todos los usos y costumbres indígenas que no chocaran con las enseñanzas cristianas, como era el caso de la antropofagia, los sacrificios humanos, la magia y la poligamia. Pero usaron todos los medios posibles para su proselitismo, hasta el canto y el baile. El padre Martin Schmind, misionero entre los indios chiquitos, decía en una carta: Si soy misionero es porque canto, bailo y toco música.... Bondad, astucia, humor, regalos, hasta temor por lo natural y sobrenatural, todo será puesto al servicio de la mayor gloria de Dios.

A la par que progresaba el trabajo de los padres jesuitas, aumentaban también sus atribuciones para fundar iglesisas y colegios. El mismo Gobernador del Tucumán ordena al Cabildo, Justicia Mayor y Regimiento de las ciudades, villas y lugares de esta gobernación, le den todo el favor y ayuda, ... , de manera que no les falte ni mengue cosa alguna, y no les ponga estorbo o impedimento alguno... fechado en el mes de noviembre de 1596.

Posteriormente, en 9 de octubre de 1614, el obispo del Tucumán por una nueva resolución nombró a los padres de la Compañía, especialmente doctrineros del Valle Calchaquí.

Fundaron muchas misiones que luego con el correr de los años se convirtieron en ciudades y pueblos, entre ellos San Carlos, Cachi, Molinos (en Salta), San Esteban de Lules y entre las tribus de los Ingas, Velichas, Tafí y Amaicha (en Tucumán), Ledesma, Ocloyas, Humahuaca, Uquia, Casavindo (en Jujuy), por nombrar unas pocas. Algunas de estas misiones han existido hasta principios del siglo XIX, pero ya en completa decadencia, según se deduce de los autos de los Señores Obispos. Las intrigas levantadas en contra de la congregación y que en la distancia la corona no supo manejar, termiaron con la expulsión de los sacerdotes jesuitas de estas tierras. Podemos afirmar sin temor a equivocarnos que la América que conocemos y la situación en que actualmente se encuentras muchos nativos de estas tierras sería muy distinta (sin dudas para mejor) si la labor evangélica jesuítica no se hubiese truncado.