La Historia del Milagro
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Como ya señalamos anteriormente, desde el día 13 se dió inicio al rezo de una novena que suponemos terminó el día 22. En los documentos que seguimos no existe mucha información sobre lo sucedido estos días, pero si podemos citar algunas líneas del Auto Exhorto del Vicario Chavez y Abréu cuando refiriéndose a la imagen de María dice que abiertos los dedos que antes no le podían poner sortijas, según las devotas que la adornaban; causando tal admiración estos movimientos y demostraciones de la santa imagen que la ciudad cristiana admirada, rodeando dicha imagen, amanecía en el templo causando mucha edificación, y los PP. de la Compañía que las nueve noches de rogativas, acudieron con su celo ardiente y edificación acostumbrada a predicar, y a la salve, letanía y rosario, dignándose el R.P. Rector Francisco Medrano, de recoger la naveta e incensario al Prest, sin consentir que otro lo hiciese, y acabada la función se quedaron rodeando la dicha imagen, atendiendo a la mudanza de sus colores, que no concordaron hasta la noche que salió en su trono por las calles, con gran consuelo de toda la ciudad.
De estos párrafos se desprenden varias circunstancias. La primera de ellas es lo que manifestaron en algún momento aquellas personas (damas piadosas) encargadas de la ornamentación de la Santa imagen para los días de fiesta. Debo expresar a este respecto que alguna vez tuve la suerte de participar de las tareas de cambio de vestido y ornamentación de la imagen de Nuestra Señora para la fiesta del Milagro, realizando trabajos de documentación. No es una experiencia que se olvida fácilmente. Todos sabemos que se trata de una imagen de madera pintada, sin embargo es mucho más que eso: es un cofre que atesora la devoción, el afecto, la confianza, la tradición de generaciones de salteños y peregrinos que a sus pies recibieron tantas gracias, tanta ternura y tantas caricias de la Madre. Como decía, las personas encargadas de la ornamentación de la imagen para los días de fiesta, manifestaron que las manos y dedos de la Virgen se habían abierto de tal modo que ahora era posible ponerle anillos, cosa que antes no podían hacer. Es importante destacar que esta situación, si bien es expresada por el Señor Vicario, este aclara que el suceso de las manos de la imagen es un acontecimiento manifestado por las señoras encargadas de esa tarea. Otra de las circunstancias es que se realizó en esos días una novena, la que fue predicada noche tras noche, por los padres jesuitas con muchísimo fervor. Reconocemos en el texto también que fueron muchas las personas que concurrían a diario a la novena, como así también los que se quedaban por las noches a acompañar a Nuestra Señora ya llamada "del Milagro". Otra circunstancia importante es el cambio de colores ya referido anteriormente; queda claro en este texto que fue un prodigio contemplado por toda la ciudadanía y que no se normalizó hasta finalizada la procesión que se realizó el último día de la novena.
Del Auto Exhoroto del vicario quisiera destacar un punto más. Releamos el texto: ...y que segunda vez se le había dicho y prevenido, y así lo dijo en el púlpito su paternidad, sacándose el bonete y sobrepelliz en dicho púlpito, clamando y llorando, estando el dicho Santo Cristo, a pedimento y ruego de dicho Padre, en sus andas pegado al púlpito, la noche última de la procesión general... Aparentemente el padre José Carrión habría solicitado que la imagen del Santo Cristo que por esos días se encontraba acompañando a la imagen de la Virgen, sea colocada al lado de Inmaculada, junto al lugar donde se realizaba la prédica, de modo tal que las andas quedaban pegadas al púlpito. En esta situación, llegado el momento de iniciar la prédica, el joven sacerdote, sacándose el bonete y la sobrepelliz, en un gesto de humildad, en medio de las lágrimas anunció al pueblo lo que le fuera revelado por segunda vez, esto es que los terremotos cesarían cuando se sacase en procesión al Santo Cristo Crucificado. Posiblemente esto sucedió en la última noche de la novena. Al día siguiente podía verificarse que ambos patronos el Señor Crucificado y la Inmaculada Virgen del Milagro, se encontraban recorriendo las calles de la ciudad acompañadas de todo el pueblo, quienes desde entonces lo juraron como patronos protectores de estas almas desde entonces y para siempre.