La Historia del Milagro
««« Volver a la Pantalla anterior «« Viendo el Obispo que se tornaba sumamente complicado llevar adelante una tarea evangelizado en territorios tan vastos como lo eran los de la diócesis del Tucumán que limitaba con el Obispado del Paraguay de quién dependía Buenos Aires y por el oeste con la diócesis de Chile, abarcando algo más de las actuales provincias de Santiago del Estero, Córdoba, Tucumán, Salta, Jujuy y La Rioja, buscó auxilio para la tarea pastoral en los Padres de la Compañía de Jesús o Jesuitas. Pertenece pues al Obispo del Tucumán, el no poco mérito de haber traído los primeros misioneros jesuitas a la diócesis, desde donde se desparramaron por otros lugares para producir el inmenso bien que realizaron. Prueba de ello es una carta que le envía el Obispo Victoria a Felipe II en la que hablando de los padres jesuitas dice:

Si faltasen de esta y la otra América los de la Compañía de Jesús, bien podría V.M. temer que los naturales de ellas no perseverasen mucho tiempo en la fe: a no haber conseguido algunos de dichos padres y esperar otros del Brasil, suplicaría a V.M. me concediera licencia para renunciar desde luego el obispado, y volverme a España al retiro de una celda. Porque, Señor, solo los jesuitas son el imán de los indios, y como lo enseña la experiencia.
No fue mucho mayor el tiempo que el Obispo Victoria permaneció en su diócesis ya que en el año de 1590 marchó a España arrastrado en parte por la necesidad de buscar nuevos misioneros para la diócesis y en parte para intervenir en las acciones tomadas contra el ex gobernador del Tucumán D. Hernando de Lerma quién en 1584 por el mes de marzo fue tomado prisionero en la ciudad de Santiago del Estero y llevado a España, donde fue enjuiciado para finalmente morir en la mayor pobreza.

Quiso el Señor que el primer Obispo que tuvieron estas tierras tampoco regresara a su diócesis, ya que a mediados del año 1592 falleció en el convento de Nuestra Señora de Atocha patrona de Madrid.