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La Historia del Milagro

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No existe ninguna documentación que dé certeza acerca del origen de la imagen del Santo Cristo de cuerpo entero que se encuentra en la Iglesia Basílica Catedral de la ciudad de Salta, como tampoco el de la Virgen del Milagro de la misma ciudad.

Toda la información existente que relata su llegada a América primero y a Salta después, son fruto de una sostenida tradición oral que se fue trasmitiendo de padres a hijos hasta que en el año 1712 se tomaron formal testimonio de personas dignas de credibilidad a cerca de los sucesos acaecidos en el mes de setiembre de 1692 y para que se hiciese una probanza con los testigos de mayor autoridad, que se hallaron presentes, y ciertamente se procediese a averiguar otro caso especial y grave, que estos días se ha declarado por dos personas de toda autoridad y gravedad que han acudido a esta ciudad, y esta solemnidad, que lo son el Maestro D. Simón Díaz Zambrano, Cura Vicario y Comisario de la Santa Cruzada y Juez de Diezmos de la ciudad de San Juan de la Frontera, y el Maestre de Campo D. Juan Martínez de Lezana, vecino feudatario y Alcalde Ordinario de Primer Voto de la ciudad de San Miguel de Tucumán, acerca de lo que saben o han oído decir de la traída del Señor Santo Cristo maravilloso y raro que la iglesia Matriz de esta ciudad tiene, por no haber noticia de donde vino y cuando.

Esto quiere decir que lo que se pretende conocer es qué cosa hay de real y qué de agregado o deformado de lo ocurrido en 1592 cuando llegaron las imágenes a América (digo las por que como se verá llegaron dos imágenes). Si las imágenes llegaron en 1592 y los testimonios fueron tomados en el año 1712 estamos analizando una tradición oral de unos 120 años. Esto quiere decir que ningún declarante conoció directamente los acontecimientos, sino por referencia de sus padres que a su vez lo habrían escuchado de sus abuelos los que, tal vez, podría haber protagonizado directamente aquellos acontecimientos.

El Maestro Simón Díaz de Zambrano a la fecha de realizar su declaración sumaba unos 47 años aproximadamente.

El Maestre de Campo don Juan Martínez de Lezana tendría unos 40 años mientras que el Vicario don Pedro de Chavez y Abréu, el mayor de todos, unos 68 años.

En su trabajo Mons. Toscano cita el primer relato escrito sobre la llegada de las imágenes al puerto del Callao. Se trata del relato escrito en 1864 por el Señor Oteiza y Bustamante, quién habría escuchado esta historia en un viaje a la ciudad de Lima:
En uno de los días del mes de junio de 1592 se sintió en el puerto del Callao, uno de esos sacudimientos terrestres que se llaman temblores. La población de aquel puerto, acostumbrada desde la niñez a mirar con más o menos indiferencia este fenómeno, no se cuidó al sentirlo, pero cuando uno, otro y otros estremecimientos más se sacudieron, como se suceden las olas del mar, entonces, como por encanto y como movidos por un solo resorte, todos los habitantes de aquella pequeña villa se encontraron a la orilla del mar, como que era el sitio más espacioso y en el que no había peligro respecto a ser aplastados por las casas o edificios que podían venirse a tierra.

La situación relatada es bastante posible. Según nos dicta el sentido común es muy probable que una villa portuaria acuda a la seguridad de las playas para protegerse de los temblores cuya existencia también podría haber sido real, ya que sabemos que a lo largo de la Cordillera de Los Andes existe una falla geológica que ocasiona multitud de movimientos sísmicos en distintos lugares y con diversas intensidades.

El relato sigue contando que aquellos ojos expertos en vigilar el mar muy pronto advirtieron en la distancia dos bultos flotando sobre las aguas del océano Pacífico que siguiendo el normal curso de las olas lo dirigían hacia la costa.

Cuando fue posible llevarlos a tierra se advirtió que se trataba de dos cajones de buen tamaño y peso.

Al quitar las tapas que lo cerraban pudo leerse en una de ellas Para la Iglesia Matríz de la ciudad de Salta, provincia del Tucumán y la otra decía: Para la el Convento de Predicadores de la ciudad de Córdoba, provincia del Tucumán ambos remitidos por Fray Francisco Victoria Obispo del Tucumán. El relato del Señor Oteiza y Bustamante prosiguen dando numerosos detalles que enriquecen su relato, dando intervención en él a personajes tales como el Gobernador del Callao y el Virrey del Perú el Señor García Hurtado de Mendoza, cosa bastante poco probable, según opinión de Mons. Miguel Vergara. Sigue diciendo el relato que las imágenes fueron transportadas a la ciudad de Lima en donde por el transcurso de una semana, tiempo durante el cuál el pueblo de Lima le rindió un sentido homenaje. Las señoritas, los caballeros más notables de Lima y aun la gente del pueblo asistían, vestidos de gala, a disputarse un sitio en el templo por no dejar de ver la solemnidad cristiana con que aquel pueblo católico manifestaba la adoración que tributaba a la imagen de su Redentor.

Sería importante destacar aquí que si el relato es real, muy probablemente quién habría celebrado los oficios religiosos sería el Santo Obispo de Lima Toribio de Mogrovejo. Pero Mons. Toscano va más allá aún, consignando que la imagen del Señor del Milagro fue venerada en Lima por cinco santos americanos, según creencia muy probable: las fechas de los años en que vivieron son el fundamento de esta opinión, que coinciden perfectamente con la llegada del Cristo a la ciudad de Lima. De San Francisco Solano y Santo Toribio no hay duda alguna: el primero llegó a las playas de América en 1589, juntamente con el Marqués de Cañete, que venía munido de su título de Virrey del Perú; el segundo, es sabido que en la época del arribo del Cristo al Callao, gobernaba el arzobispado, encontrándose en Lima. Santa Rosa había nacido en 1586, tenía por consiguiente seis años; San Martín de Porres y el Beato Juan Masias habían nacido en 1579 y 1585 respectivamente. Acerca de San Francisco Solano podemos agregar que es muy posible que si no estuvo junto a las imágenes en Lima, si seguramente haya pasado por la ciudad de Salta en sus muchos viajes evangelizadores en el Tucumán.