La Historia del Milagro
««« Volver a la Pantalla anterior «« Fray Fernando Trejo y Sanabria, era un sacerdote franciscano que había ocupado los cargos más importantes de la Orden en América. El papa Clemente VIII en el año de 1592 lo promovió al cargo de Obispo de la Diócesis del Tucumán, para reemplazar al fallecido Fray Francisco de Victoria. El nuevo Obispo asumió su cargo efectivamente tres años después de su nombramiento, para reemplazarlo en su ausencia nombró al Canónigo Francisco Salcedo como Gobernador Delegado.
Habían transcurrido ya 50 años desde la fundación de la ciudad de Salta, las previsiones que hicieran de ella el Virrey Toledo y otros antes que él fueron ciertas, hasta tal punto que se convirtió en un polo de crecimiento comercial. Si bien en principio las ciudades del Tucumán fueron productoras de textiles con el algodón que sus tierras producían, a partir de los años 1630 la producción tiene un giro orientándose principalmente a la cría e invernada de ganado mular y vacuno que tenía una gran demanda de las provincias productoras de minerales y como medio de transporte de cargas en todo el Virreynato.
Podemos suponer que cuando se concluye la construcción de la segunda Matriz, la imagen del Cristo obsequiado por el primer Obispo del Tucumán, ya se habría colocado en un lugar secundario (el altar de las ánimas), y la memoria, tantas veces frágil, olvidó la devoción que inicialmente habría despertado el Santo Cristo. El altar de la ánimas era un sitio unido al cuerpo principal del templo, destinada para guardar aparatos y ornamentos propios de las celebraciones, a la vez que servía como centro de reunión para los feligreses.